Un centro neurálgico para la formación de los clérigos
La existencia de las bibliotecas se inició cuando el hombre supo cómo grabar por medio de símbolos los pensamientos generados en su mente y comunicarlos a los demás por medio de ellos, como lo revelan, por ejemplo, las inscripciones de Ur de Caldea o las escrituras cuneiformes de Mesopotamia, que se guardaban para la posteridad. La evolución y el progreso de esta forma de transmitir el pensamiento humano y sus conocimientos corrieron parejo con el deseo y la necesidad del individuo de comunicar y de aprender y, así, se fueron formando recintos donde se guardaban primero tales inscripciones tabloides, papiros y luego libros, llegando a existir bibliotecas realmente extraordinarias. Fue de esta manera como se conservó para el futuro el acopio cultural y científico del ser humano a través del tiempo, satisfaciendo el deseo de los individuos de conocer lo que se haya escrito sobre los diversos asuntos que le interesen. Los Seminarios, así como los Monasterios de la Iglesia, han jugado siempre un papel importante en la formación y progreso de las bibliotecas en todo el mundo, papel que se genera de la misión específica de la Iglesia con relación a la cultura y de la necesidad que tiene de preparar lo mejor posible a aquellos individuos que han decidido abrasar el estado sacerdotal. Para el Señor Cázares y para todo el cuerpo docente y formativo del Seminario de Zamora no fue éste uno de los principales objetivos: la creación de una biblioteca con numerosos volúmenes y de la mejor calidad, en cuanto a su contenido y presentación; pero no sólo para tener un buen catálogo de ellos, sino para que los alumnos tuvieran la posibilidad y la facilidad de consultar en ellos, creciendo con ello en la anchura y profundidad de sus conocimientos en las diversas materias. Desde luego que factor importante para este crecimiento eran las aulas y los maestros, pero factor que sólo era necesario para orientar, señalar caminos y enseñar a buscar a los alumnos, por sí mismos, en las fuentes del saber, aquellos conocimientos que les ayudarían a tener sus propias ideas, sus personales criterios y no quedarse simplemente en el “magister dixit” (lo dijo el maestro).
Fabuloso y extenso Catálogo
Decíamos que ya desde el año de 1872 se comenzó a construir la biblioteca del Seminario en la casa de Morelos y Juárez, pero fue hasta el tiempo del Señor Cázares cuando, una vez organizada y mejorada la economía de la Diócesis, se pudo comenzar a llenar aquel recinto de cuantiosas, excelentes y famosas obras de autores reconocidos mundialmente y de maestros de las principales universidades europeas, para uso y en beneficio de alumnos y maestros del Seminario. (Todos ellos tenían entonces una gran ventaja: el no tener la tentación de convertir el uso moderado e incuestionablemente útil del Internet en el único medio de investigación, con detrimento de la profundidad y asimilación de las mismas y con la consecuente pereza y el adormecimiento y atrofia de la misma inteligencia). La mayoría de tales obras estaban escritas en español, latín y francés, de ahí el estudio de tales idiomas en el Seminario.
Existen en el Archivo Diocesano decenas y decenas de facturas de diversas compras de libros y demás enseres para la biblioteca. Por curiosidad y por interés para muchos, me permito señalar noticias resumidas de algunas de esas facturas, fechadas a partir de 1876 y hasta 1885:
A pesar de la crisis económica de la Diócesis y de sus muchas necesidades, ya en julio de 1876 se encargaron 440 ejemplares de la Musa Americana para biblioteca y alumnos. (Se encargaban los textos para que todos los alumnos lo tuvieran a la mano para su consulta y para que, en el futuro, siguieran haciéndolo. Con las bibliografías insertas en cada texto y los complementos en la misma biblioteca, éstos eran de gran ayuda y aun necesarios, aunque en la actualidad algunos no lo piensen así).
A la sucursal de Librería de C. Bouret en México, Calle de San José del Real 18. Esquina de las calles del Refugio y del E. Santo: Ecología de Billuart (9 tomos) en un precio de $32.00; Obras de Sagrada Escritura de Cornelio A Lapide (26 volúmenes), $95 pesos; 36 ejemplares de Filosofía de Rrin; Filosofía de Liberatore; Obras de S. Tomás de Aquino (34 tomos) en $210 pesos; Obras de S. Buenaventura (15 tomos), $100 pesos; Ius Ecclessiasticum (12 tomos), 75 pesos.
A la Sucursal de la Librería Madrileña, en la calle Portal del Águila de Oro Nro. 5, de la ciudad de México, Depósito de Gaspar Editores: Medicina Doméstica de Bucham; Armonía entre la ciencia y la fe de Mir.
A la Librairie Ecclesiastique et Religieuse de Louis Vivés, en 13, rue Delambre, en París, una factura por 2141 francos (equivalente a $418.19), por obras de Teología, Sagrada Escritura, Filosofía. Ascética y de Historia, de autores como Fabri, Juan de Santo Tomás, Lohner, Bona, Peronne, Berti, Belarmino; 63 tomos de Patrología latina, por valor de $185 y 85 tomos de Patrología griega, de $249.
Otra factura a la misma Librería por valor de 5819.30 francos, equivalente a $1163.86 pesos, por la compra, entre otras, de las siguientes obras: Summa Summae S. Thomas, Summa Aurea de Migne, Opera Omnia de Boncina, Opera Omnia de Suárez, etc.
Sería interminable el señalar todas las compras de libros para aquella biblioteca, pero bástenos lo señalado para darnos cuenta de la riqueza científica y cultural que, en cantidad y calidad, se guardaba en aquella biblioteca. Juntamente con la compra de todos aquellos libros, se hicieron a París varias compras de numerosos aparatos, sobre todo para la enseñanza de la física y química (arco voltaico, cámara al vacío, etc.), muchos de los cuales se lograron rescatar del antiguo Seminario y se encuentran en la biblioteca del Seminario en Jacona y que todavía en los años cincuenta servían para la impartición de dichas materias.
Un importante rescate
Al recordar todos estos datos y circunstancias sobre la biblioteca del Seminario de Zamora y saber que de ella casi nada quedó, viene por fuerza el hacer una triste consideración que nos debe hacer reflexionar seriamente. Ante la desaparición de aquel tesoro y las causas que lo motivaron, no podemos menos que reconocer que la incultura, la irresponsabilidad y el fanatismo religioso y político, sea del color, ubicación y sabor que fuere, sólo conducen al salvajismo y a la destrucción. Con la llegada del General Amaro a Zamora, aquella biblioteca desapareció y no ciertamente para beneficio de otros (que hubiera sido muy loable), sino siendo quemada en parte y vendida como papel.
A propósito de esto último, no quisiera dejar pasar la ocasión de narrar un hecho que oí de los mismos labios de su protagonista, el Padre Pedro Torres Bustos, Doctor en Historia y eterno bibliotecario del Seminario y responsable del Archivo Diocesano y a quien opino ni se le hizo justicia en vida, ni se le ha hecho en el recuerdo… a Principios de los años cincuenta y pasando un día por la calle 5 de Mayo, vio a un niño que salió de una carnicería, llevando en la mano manteca en hojas de papel fino. Curioso se acercó al niño y le pidió le enseñara aquel papel, descubriendo que eran hojas pertenecientes a la Patrología latina y griega (obra de la cual hablamos arriba). Fue con el dueño de la carnicería y éste le informó que en el Ayuntamiento les vendían aquellos libros, cuyo papel les servía maravillosamente para despachar la manteca y la carne. Inmediatamente, el Padre Pedro se fue a Morelia y habló con el Señor Gobernador, consiguiendo la orden para que le fuesen entregados en Zamora los ejemplares que de aquella obra quedasen. Los ejemplares rescatados se encuentran en la biblioteca del actual Seminario. ¿Cultura, tolerancia? ¿O salvajismo y fanatismo?