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Esbozo de historia de una Institución trascendental 18.- La Biblioteca del Seminario
Sabado, 23.01.2010, 08:00pm (GMT-5)

Un  centro neurálgico para la formación de los clérigos
  La existencia de las bibliotecas se inició  cuando el hombre supo cómo grabar por medio de símbolos los pensamientos  generados en su mente y comunicarlos a los demás por medio de ellos, como lo  revelan, por ejemplo, las inscripciones de Ur de Caldea o las escrituras  cuneiformes de Mesopotamia, que se guardaban para la posteridad. La evolución y  el progreso de esta forma de transmitir el pensamiento humano y sus  conocimientos corrieron parejo con el deseo y la necesidad del individuo de  comunicar y de aprender y, así, se fueron formando recintos donde se guardaban  primero tales inscripciones tabloides, papiros y luego libros, llegando a  existir bibliotecas realmente   extraordinarias. Fue de esta manera como se conservó para el futuro el  acopio cultural y científico del ser humano a través del tiempo, satisfaciendo  el deseo de los individuos de conocer lo que se haya escrito sobre los diversos  asuntos que le interesen. Los Seminarios, así como los Monasterios de la Iglesia, han jugado  siempre un papel importante en la formación y progreso de las bibliotecas en  todo el mundo, papel que se genera de la misión específica de la Iglesia con relación a la  cultura y de la necesidad que tiene de preparar lo mejor posible a aquellos  individuos que han decidido abrasar el estado sacerdotal. Para el Señor Cázares  y para todo el cuerpo docente y formativo del Seminario de Zamora no fue éste  uno de los principales objetivos: la creación de una biblioteca con numerosos  volúmenes y de la mejor calidad, en cuanto a su contenido y presentación; pero  no sólo para tener un buen catálogo de ellos, sino para que los alumnos tuvieran  la posibilidad y la facilidad de consultar en ellos, creciendo con ello en la  anchura y profundidad de sus conocimientos en las diversas materias. Desde  luego que factor importante para este crecimiento eran las aulas y los  maestros, pero factor que sólo era necesario para orientar, señalar caminos y  enseñar a buscar a los alumnos, por sí mismos, en las fuentes del saber,  aquellos conocimientos que les ayudarían a tener sus propias ideas, sus  personales criterios y no quedarse simplemente en el “magister dixit” (lo dijo  el maestro).

Fabuloso y extenso  Catálogo
  Decíamos que ya desde  el año de 1872 se comenzó a construir la biblioteca del Seminario en la casa de  Morelos y Juárez, pero fue hasta el tiempo del Señor Cázares cuando, una vez  organizada y mejorada la economía de la Diócesis, se pudo comenzar a llenar aquel recinto  de cuantiosas, excelentes y famosas obras de autores reconocidos mundialmente y  de maestros de las principales universidades europeas, para uso y en beneficio  de alumnos y maestros del Seminario. (Todos ellos tenían entonces una gran  ventaja: el no tener la tentación de convertir el uso moderado e  incuestionablemente útil del Internet en el único medio de investigación, con  detrimento de la profundidad y asimilación de las mismas y con la consecuente  pereza y el adormecimiento y atrofia de la misma inteligencia). La mayoría de  tales obras estaban escritas en español, latín y francés, de ahí el estudio de  tales idiomas en el Seminario.
  Existen en el Archivo Diocesano decenas y decenas de facturas de diversas  compras de libros y demás enseres para la biblioteca. Por curiosidad y por  interés para muchos, me permito señalar noticias resumidas de algunas de esas  facturas, fechadas  a partir de 1876 y hasta  1885:
  A pesar de la crisis  económica de la Diócesis  y de sus muchas necesidades, ya en julio de 1876 se encargaron 440 ejemplares  de la Musa Americana para  biblioteca y alumnos. (Se encargaban los textos para que todos los alumnos lo  tuvieran a la mano para su consulta y para que, en el futuro, siguieran  haciéndolo. Con las bibliografías insertas en cada texto y los complementos en  la misma biblioteca, éstos eran de gran ayuda y aun necesarios, aunque en la  actualidad algunos no lo piensen así).
  A la sucursal de Librería de C. Bouret en México, Calle  de San José del Real 18. Esquina de las calles del Refugio y del E. Santo: Ecología de Billuart (9 tomos) en un  precio de $32.00; Obras de Sagrada  Escritura de Cornelio A Lapide  (26  volúmenes), $95 pesos; 36 ejemplares de Filosofía de Rrin; Filosofía de Liberatore; Obras  de S. Tomás de Aquino (34 tomos) en $210 pesos; Obras de S. Buenaventura (15 tomos), $100 pesos; Ius Ecclessiasticum (12 tomos), 75  pesos.
  A la Sucursal de la Librería Madrileña,  en la calle Portal del  Águila de Oro Nro. 5, de la ciudad de México, Depósito de Gaspar Editores: Medicina Doméstica de Bucham; Armonía entre la ciencia y la fe de Mir.
  A la Librairie Ecclesiastique et Religieuse de Louis Vivés, en 13, rue Delambre, en París, una  factura por 2141 francos (equivalente a $418.19), por obras de Teología, Sagrada Escritura, Filosofía.  Ascética y de Historia, de  autores como Fabri, Juan de Santo Tomás,   Lohner, Bona, Peronne, Berti, Belarmino; 63 tomos de Patrología latina,  por valor de $185 y 85 tomos de Patrología griega, de $249.
  Otra factura a la misma Librería por valor de 5819.30 francos, equivalente  a $1163.86 pesos, por la compra, entre otras, de las siguientes obras: Summa Summae S. Thomas,  Summa Aurea de Migne, Opera Omnia de Boncina, Opera Omnia  de Suárez, etc.
  Sería interminable el  señalar todas las compras de libros para aquella biblioteca, pero bástenos lo  señalado para darnos cuenta de la riqueza científica y cultural que, en  cantidad y calidad, se guardaba en aquella biblioteca. Juntamente con la compra  de todos aquellos libros, se hicieron a París varias compras de numerosos  aparatos, sobre todo para la enseñanza de la  física y química (arco voltaico, cámara al vacío, etc.), muchos de los cuales  se lograron rescatar del antiguo Seminario y se encuentran en la biblioteca del  Seminario en Jacona y que todavía en los años cincuenta servían para la  impartición de dichas materias.

Un importante rescate
  Al recordar todos estos datos y circunstancias sobre la biblioteca del  Seminario de Zamora y saber que de ella casi nada quedó, viene por fuerza el  hacer una triste consideración que nos debe hacer reflexionar seriamente. Ante  la desaparición de aquel tesoro y las causas que lo motivaron, no podemos menos  que reconocer que la incultura, la irresponsabilidad y el fanatismo religioso y  político, sea del color, ubicación y sabor que fuere, sólo conducen al  salvajismo y a la destrucción. Con la llegada del General Amaro a Zamora,  aquella biblioteca desapareció y no ciertamente para beneficio de otros (que  hubiera sido muy loable), sino siendo quemada en parte y vendida como papel.
  A propósito de esto último, no quisiera dejar pasar la ocasión de narrar un  hecho que oí de los mismos labios de su protagonista, el Padre Pedro Torres  Bustos, Doctor en Historia y eterno bibliotecario del Seminario y responsable  del Archivo Diocesano y a quien opino ni se le hizo justicia en vida, ni se le  ha hecho en el recuerdo… a Principios de los años cincuenta y pasando un día  por la calle 5 de Mayo, vio a un niño que salió de una carnicería, llevando en  la mano manteca en hojas de papel fino. Curioso se acercó al niño y le pidió le  enseñara aquel papel, descubriendo que eran hojas pertenecientes a la Patrología latina y  griega (obra de la cual hablamos arriba). Fue con el dueño de la carnicería y éste  le informó que en el Ayuntamiento les vendían aquellos libros, cuyo papel les  servía maravillosamente para despachar la manteca y la carne. Inmediatamente,  el Padre Pedro se fue a Morelia y habló con el Señor Gobernador, consiguiendo  la orden para que le fuesen entregados en Zamora los ejemplares que de aquella  obra quedasen. Los ejemplares rescatados se encuentran en la biblioteca del  actual Seminario. ¿Cultura, tolerancia? ¿O salvajismo y fanatismo?


Jorge Moreno Méndez

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