EL DOCTOR EN MEDICINA Y PINTOR ANTONIO CERVANTES sigue curando y pintando. Atiende a enfermos en el dispensario de la iglesia del Carmen, desde que empezó a colaborar ahí con el padre Luis Gustavo Franco. Da clases de pintura en la Casa de la Cultura del Valle de Zamora, A.C., en Ocampo y Niños Héroes, junto al hoy Santuario de Guadalupe. Aunque esta Casa no recibe grandes subsidios, y su infraestructura es más que modesta, de alguna manera recuerda el espíritu del Obispo Cázares. Por esas cosas que pasan en la provincia, donde si bien se dispone de más tiempo más o menos libre, a la gente no le alcanza el tiempo para hacer no sé qué cosas. Así me pasó con Toño Cervantes, a quien tenía muchos deseos de ver. Nos vimos, pero hablamos poco. Me regaló tres cuadros suyos. Toño tiene que luchar mucho contra los grises de la ciudad, u olvidarse un poco de ellos y ver las zonas de luz en el valle y en los cerros. Tiene talento y cosas que decir. Desde hace años estoy esperando esos cuadros que nos hagan ver de otra manera lo que todos los días vemos en la levítica y en su contorno.
MARTHA VERA Y SU ESPOSO, G.L. CONRADO fueron, como siempre, magníficos anfitriones y los grandes amigos de cuyas bondades gozo desde hace muchas décadas. Entre sus libros Conrado siempre tiene alguna edición —limitada— de alguno de los excelentes mezcales que se producen en Michoacán. Y le rendimos los debidos honores. Nos vimos en dos ocasiones, y nos acompañó mi Hada Madrina. El doctor en Biología Conrado González Vera también nos acompañó, aunque no agotamos el tema que a él le interesaba. Razón para volver a vernos lo más pronto posible.
Con Martha y Conrado rememoramos algunas cosas en función de lo actual y de lo que podría venir; o lo que quisiéramos que viniera… El libro de Conrado, Teatro y Vida… Vida y Teatro, editado por él mismo, deudas mediante, prácticamente ya se agotó. Pagó su deuda editorial (contraída con un generoso amigo suyo), y está contento y al mismo tiempo ligeramente triste por el hecho de que la gran mayoría de ejemplares se ha vendido fuera de Zamora. Como dice el dicho, “nadie sabe para quién trabaja”.
Pero ahí está y dará frutos, aunque sea en otras tierras, en otros climas, en otros ámbitos… Y quien sea que escriba una historia actual de Zamora, o una crónica, tendrá que acudir a esta fuente. A ésta y a las memorias que Conrado sigue publicando en su página de Internet. En ellas también aparece Martha, como una luz, una luz que Conrado no ha dejado de seguir desde que Martha le dijo “Sigue esta luz” cuando ambos actuaron en El gran teatro del mundo, el auto sacramental de Calderón de la Barca que montamos en los ya lejanos años sesenta en el escenario del Teatro Obrero de Zamora.