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JORGE ARMANDO MORA - Por qué Haití Sabado, 23.01.2010, 06:10pm (GMT-5) En el siglo XVI Francia arrebató a España la parte occidental de la isla Quisqueya, a la que llamaron Haití y que los peninsulares identificaban como La Española. Aniquilada la población indígena caribeña por la peste y el trabajo inhumano en las plantaciones azucareras, sus habitantes fueron sustituidos por esclavos, desarraigados de sus países africanos por la infame trata. En 1804, 400 mil esclavos negros se independizaron de sus 12,000 amos blancos y mulatos. Los esclavistas estadounidenses y europeos no pudieron perdonarles semejante atrevimiento y los condenaron durante un siglo al estrangulamiento comercial y al ostracismo político, para evitar que cundiera su ejemplo. En 1915 flotas estadounidenses y francesas para “garantizar el orden y la vida de los extranjeros” desembarcaron en Haití, quedándose el ejército americano hasta 1934 para “ayudar a la reconstrucción del país”, tanto en lo económico como en lo político, pretexto que la terca realidad los desmentirá, como siempre. Luego de 20 años de asonadas militares y gobiernos efímeros, en 1957 se hace del poder Francoise Duvalier, Papa Doc, inaugurando una dictadura vitalicia y sangrienta, sostenida por un numeroso grupo de matones, los Tonton Macutes, por su ostentación como sacerdote vudú y el apoyo irrestricto de los Estados Unidos. A su muerte en 1971 le sucedió su hijo Jean-Clude, Baby Doc, quien a la sazón tenía 19 años de edad. Después de 15 de años de continua represión, extrema pobreza, la proliferación del sida, descontento popular y la presión internacional, obligaron a Baby Doc a huir del país, para recluirse en un exilio dorado en Francia donde goza de los millones de dólares que logró escamotear del empobrecido Haití. Estos regímenes apoyaron el enriquecimiento de la casta política, el desarrollo de una cerrada burguesía expoliadora y el saqueo de las trasnacionales. En 1990, elecciones democráticas llevaron a la presidencia al entonces sacerdote Jean Bertrand Aristide, pero los militares desplazados instrumentaron un golpe de Estado. Las sanciones que Washington les impuso agudizaron aún más la pobreza y la violencia, obligando al éxodo de más de 30 mil individuos. Nuevamente los Estados Unidos se verán “obligados” a desembarcar tropas, hacerse cargo del país y restaurar a Aristide. Le sucederá René Preval, uno de sus seguidores; luego de su mandato regresará al Aristide, quien incurrió en los mismos vicios que sus predecesores: gobierno unipersonal, vida íntima relajada, favoritismos e incremento del narcotráfico. Una rebelión armada lo obligará a salir del país en 2006. En 2008 la escasez de alimentos produjo motines de gente hambrienta y, para rematar, el huracán Gustav devastó el país, volviendo aún más grave la crisis alimentaria que padece Haití desde hace décadas. En ese mismo año se vinieron abajo dos escuelas de barrios marginales por defectos en su construcción. Desde entonces, la ONU pretende suministrar, con lentitud burocrática, ayuda a los damnificados y orden en las calles. Luego del terremoto, el mundo se llama a sorpresa la precariedad de las construcciones, los millares de muertos; la falta de respuesta del gobierno; la desmovilización ciudadana y su indiferencia ante los cadáveres; la ausencia de servicios sanitarios; la miseria imperante, como si todos esos males brotaran de la nada y no fueran más que el fruto amargo de siglos de explotación colonial y el despojo de una burguesía codiciosa. ¿Cuántas escuelas, hospitales, carreteras, drenajes, ayudaron a construir en su oportunidad, franceses o americanos? Más allá de los discursos “humanitarios” de Obama, a Washington le tiene sin cuidado el número de muertos o el rescate de los heridos (recuérdese Nueva Orleáns). Parecen seguir la política que De la Madrid aplicó a las costureras del DF en el 85. Pues el Comando para América Latina bien pudo instrumentar un puente aéreo en las primeras, vitales, 24 horas. Prefirieron que la ayuda internacional y los rescatistas se amontonaran en torno de las pistas del aeropuerto, que hoy está bajo su mando, y afianzar su presencia militar, ya que Haití guarda una posición geoestratégica, por ser frontera marítima con Cuba y puerta de entrada al Caribe, su mar exclusivo (16/I/10). JORGE ARMANDO MORA-Yurécuaro
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