Semanario Guia

Julio Castellanos Ramírez: Economía y Finanzas - Haití
Sabado, 23.01.2010, 06:08pm (GMT-5)

El terremoto que hace algunos días estremeció a Haití, es uno de los acontecimientos más devastadores que la naturaleza ha provocado desde que se tiene registro. A la fecha cuentan más de 70 mil muertos, una cifra igual de heridos y cerca de 1.6 millones de damnificados, más lo que está por venir.
 
Sin lugar a dudas, el acontecimiento es devastador, las cifras son escalofriantes y lo único que hay por hacer es ayudar. No obstante, además del terremoto, es importante saber por qué la situación actual de Haití es tan crítica. Fundamentalmente son dos condiciones las que han magnificado tremendamente los efectos del terremoto: las condiciones socioeconómicas e institucionales previas de ese país.
 
El estado económico, social e institucional en el que se encontraba Haití antes del terremoto era el peor de Latinoamérica y entre los peores del mundo. Antes del temblor, Haití ya contaba con una economía devastada: el ingreso per cápita de los haitianos era de 480 dólares, es decir, los haitianos vivían con 1.4 dólares diarios; el desempleo tenía cifras que alcanzaban el 70 por ciento de la población económicamente activa; tres cuartas partes de la población carecía de agua potable; la esperanza de vida era de 50 años promedio; contaba con la tasa de mortalidad más grande de la región; importaba cuatro quintas partes de los alimentos que consumía; la erosión de la tierra era la peor del planeta, solamente 1.7% de lo que algún día fue bosque sobrevivía. En fin, en esas condiciones socioeconómicas sobrevivían la gran mayoría de los 8.3 millones de los habitantes de Haití antes de que el terremoto se hiciera sentir.
 
Al igual que las condiciones sociales y económicas, las condiciones institucionales de Haití se habían caracterizado históricamente por ser las peores de la región. A pesar de que Haití fue el primer país de Latinoamérica en obtener su independencia en 1804, los golpes de estado, revueltas, líderes dictatoriales, represión, territorio sin estado de derecho, entre otros problemas, han caracterizado la vida institucional de ese país en toda su historia. Es decir, Haití ha vivido por siempre en una permanente inestabilidad democrática, a tal punto que es considerado como uno de los lugares más peligrosos del mundo, a la par de Irak, Afganistán o Sudán.
 
Tales condiciones, previas al terremoto, han provocado que la devastación se magnifique: la carencia de servicios, de condiciones e instituciones elementales en Haití dejan todo en manos de la ayuda internacional que tiene que sortear a diario saqueos y revueltas que obstaculizan que la misma llegue a todos los sectores.
 
La miseria y el nulo estado de derecho que abunda en el país impiden que al día de hoy los habitantes de Haití puedan actuar en favor del interés público, de manera que requieren necesariamente la ayuda internacional y, a la vez, alientan a que muchos otros actúen en favor de su interés individual, saqueando e impidiendo la ayuda que conlleva a situaciones similares a las de la ley de la selva.
 
Esto es algo que debe tomarse en cuenta en muchas regiones de Latinoamérica ya que para evitar los infortunios de la naturaleza poco puede hacerse. Todo depende de qué tipo de país pueda tenerse para hacer frente a este tipo de desgracias. Por lo pronto, las cosas parecen no ir del todo bien en Venezuela, por ejemplo, donde la hiperinflación y la devaluación de la moneda parecen no llevar a la sociedad venezolana a buen puerto. En contraste, Chile va en caballo de hacienda en la construcción de un país con mejores condiciones para sus ciudadanos, pues ya es parte de la OCDE gracias al ininterrumpido proceso de reformas que ya tiene cerca de quince años en ese país.
 
México debe seguir el ejemplo de Chile, implementar reformas que verdaderamente le den sustentabilidad al país frente acontecimientos dañinos que son inevitables, sean estos naturales o económicos. Esperemos que la clase política no reproduzca lo que está sucediendo en Haití, donde las personas privilegian el interés individual por encima del interés público. Por lo pronto, lo que apremia es ayudar a nuestros hermanos que aún sufren en Haití las consecuencias del sismo.
 

 
Lo que apremia es ayudar a nuestros hermanos que  sufren en Haití las consecuencias del sismo.
 

Julio Castellanos Ramírez-Zamora