El terremoto que sacudió a Haití hace una semana, destruyó más de la tercera parte de los edificios, desde el palacio nacional, hasta humildes viviendas, pasando por la catedral, el edificio que albergaba las oficinas de la ONU en ese país… Se habla de más de 100 mil muertos y un número no determinado de desaparecidos, además de miles de heridos cuyo pronóstico es bastante malo dado que no hay posibilidades de que sean atendidos por cuerpos médicos en instalaciones adecuadas.
Haití ha sido saqueado durante siglos. España, Francia y Estados Unidos han usado ese pequeño y marginado país caribeño como cabeza de playa para tratar de controlar el mar Caribe. Durante la segunda mitad del siglo XX, EEUU favoreció el establecimiento de gobiernos locales peleles, como la dictadura Duvalier (padre e hijo) que se apoyó en fuerzas represoras entrenadas por el ejército norteamericano, que nuevamente ocupa Puerto Príncipe “para garantizar que la ayuda internacional” no sea mal administrada.
El panorama que muestran los medios de información es verdaderamente desolador, pese a que el terremoto no fue tan fuerte ni de tan larga duración como, por ejemplo, el que en 1985 sacudió a la ciudad de México, que fue de 7.9 grados en la escala de Richter y duró poco más de 2 minutos, mientras que el de Haití fue de 7 grados y duró 43 segundos. ¿Por qué el sismo no causó mayores daños en República Dominicana, país que comparte la isla La Española con Haití?
Al igual que en México, el sismo dejó en evidencia la corrupción, la miseria económica y la precariedad en la que vive la gran mayoría de la población, además de la falta de gobierno. Tanto los edificios destruidos como
la ausencia de policía que favorece los saqueos y la falta de organización para distribuir la ayuda que viven hoy los haitianos nos recuerdan la terrible ineficiencia del gobierno de Miguel de la Madrid en 1985 y el saqueo propiciado desde las autoridades y en el que estuvieron involucrados varios diputados priístas que lucraron con la ayuda internacional, particularmente con las tiendas de campaña y alimentos recibidos.
¿Qué pasará en Haití cuando desaparezca del mapa de la información, cuando ya no sea buen negocio para CNN, Televisa, CBS o TV-Azteca…?
El reto de la reconstrucción de Haití es enorme. Más que los edificios, urge reconstruir el tejido social y reordenar el estado nacional. ¿Por dónde empezar? ¿Cómo lograr los consensos mínimos para establecer una agenda de reconstrucción? ¿Quién logrará una tregua al saqueo y al caos para favorecer el diálogo y el entendimiento para empezar? ¿La Iglesia haitiana estará a la altura de las circunstancias?
Todos quisiéramos ayudar a Haití, pero ¿cómo hacerlo?, ¿qué institución nos garantiza que la ayuda llegue a donde debe, que no sea acaparada por líderes corruptos o por hordas de saqueadores?
El obispo diocesano don Javier Navarro nos invita a hacerlo a través de Caritas diocesana, que a su vez canalizará lo recaudado a Caritas internacional, que por lo menos tiene el respaldo moral de la iglesia católica, lo que da un poco de más certeza de que nuestra ayuda servirá de algo.