Con la fecha de esta edición de Guía, se celebra el 105 aniversario del natalicio de Gabriel Méndez Plancarte, quien junto a su hermano Alfonso fueron objeto de homenajes el año pasado, no sólo en esta ciudad, sino en Jacona (Seminario mayor), Morelia, Monterrey y en la máxima casa de estudios del país: la UNAM, en la que tuvimos la fortuna de participar.
Don Gabriel fue, sin duda, uno de los grandes estudiosos de nuestra cultura nacional y uno de los propulsores más grandes que ha dado nuestra ciudad y el país, al humanismo.
En la UNAM, nos fue presentado el Maestro Alejandro García, autor de un trabajo inédito, sobre la revista Ábside, fundada ésta por don Gabriel Méndez Plancarte: “Breve en palabra, larga en obras. Ábside. Revista de Cultura Mexicana (1937-19179). Estudio histórico e índice”; obra que ya nos había entregado el Maestro José David Becerra Islas, coordinador de la Cátedra Extraordinaria “hermanos Méndez Plancarte” de la UNAM, con el propósito de realizar una coedición UNAM-Ayuntamiento de Zamora.
Con motivo del aniversario del 105 aniversario del nacimiento de Don Gabriel, publicamos un pequeño extracto de dicha obra, como un reconocimiento a uno de los intelectuales más extraordinarios que han nacido en nuestra ciudad.
“Gabriel Méndez Plancarte nació en Zamora, Michoacán, el 24 de enero de 1905 y murió en la ciudad de México, el 16 de diciembre de 1949. Realizó los primeros estudios en el Colegio teresiano de su ciudad natal y en el Colegio del Sagrado Corazón, en Puebla; y los secundarios, en el Colegio Francés y en el Seminario Conciliar, de la ciudad de México. Enviado a Roma para estudiar en el Colegio Pío Latino Americano, el cual en esa época era el ‘centro de convergencia de la flor de nuestras juventudes hispánicas proyectadas hacia Dios’” (Véase Alfonso Junco. La persona y la obra en Ábside Vol. 19, núm. 3 (julio-septiembre de 1955, p.277).
El 30 de octubre de 1927 se ordenó sacerdote y, posteriormente, pasó a la Universidad de Lovaina, en Bélgica, para especializarse en sociología, interés que nunca abandonó, ya que a su regreso en México escribió diversos artículos sobre la propiedad, el socialismo, la libertad y los deberes cívicos en la revista Cultura cristiana. Es en Lovaina donde obtuvo el grado de Doctor en Filosofía en 1924 y el de Teología en 1928 (ambos con la suprema graduación de “Summa cum laude”). Dicho recinto universitario determinó su formación cultural y fue, como lo explicaremos más adelante, el lugar donde probablemente nació la idea de crear una revista.
A su regreso a México, ocupó las cátedras de Latinidad y Literatura en el Seminario de Zamora. Desde 1932, las de Historia Universal, Teología y Filosofía en el Seminario Conciliar de México, donde desempeñó la cátedra hasta su muerte. También perteneció, como socio correspondiente (desde 1946) a la Academia Mexicana de la Lengua, a la Sociedad Mexicana de Geografía e Historia; a la Mexicana de Santa María de Guadalupe y, poco antes de morir, fue aceptado como socio correspondiente de la Academy of American Franciscan History, de Washington, en los Estados Unidos.
Colaboró semanalmente en el diario Novedades (1943-1949) y en las revistas mexicanas Filosofía y Letras, el Hijo pródigo, La Voz Guadalupana; la Gaceta Oficial del Arzobispado de México; Estilo, de San Luis Potosí (con quien se mantuvo una atenta correspondencia y en sus páginas se publicaron varias reseñas; Orden cristiano, de Buenos Aires; Thesavrus, de Colombia; y Mid-América, de Loyola University, de Chicago, Illinois, en los Estados Unidos, entre otras. (Diccionario de escritores mexicanos.)
Aunque lo mejor de su obra se desarrolló a partir de 1937, antes ya había publicado sus Primicias, pero fue en este año cuando dio a conocer su libro fundamental –Horacio en México (editado posteriormente por la UNAM en 1973)-- y fundó la revista Ábside a la edad de 32 años, en ella inició la publicación de capítulos pertenecientes a sus libros fundamentales: Humanistas del siglo XVI y Humanistas del siglo XVIII; así como el dar a conocer al poeta latino Guillen de Lámport y su Regio salterio; los 50 hexámetros de las Metamorfosis de Ovidio; y cuidadosas selecciones de Estacio y de Claudio Claudiano. Los humanistas novohispanos fueron fascinación y dedicación (el índice del humanismo mexicano, las antologías de Pagaza y de los autores neolatinos de los siglos XVI y XVIII confirman la querencia). En una entrevista da su opinión sobre dicha labor:
“Toda mi modesta labor de investigación histórica y literaria ha engendrado en mí la convicción –cada vez más arraigada-- de que el humanismo grecolatino es una de nuestras más hondas y fecundas raíces, uno de los elementos vitales y específicos que han plasmado nuestra fisonomía espiritual y han contribuido a formar lo que bien podemos, sin rústica jactancia, llamar ‘la cultura mexicana’”. (Anónimo. “Una entrevista con el Doctor Gabriel Méndez Plancarte” en Estilo. Núm. 13 (enero-marzo de 1950. p. 66.)