Que 2010 comience con la inauguración de un museo en el antiguo edificio de la estación del extinto ferrocarril y no termine enero sin la inauguración de la iluminación escénica de otros dos edificios del patrimonio arquitectónico de la ciudad, el Teatro Obrero y el Palacio Federal, o Palacio Episcopal, debe verse como un buen augurio…, y no en la espera de ver qué pueda suceder sino como aliento inspirador para hacer efectivamente de este año un tiempo de avances importantes en el proyecto para realizar en Zamora un importante polo de desarrollo turístico.
El mismo proyecto de “Zamora, ciudad luz” tiene por delante al menos una docena más de edificios contemplados. La expectativa es continuar con el complejo arquitectónico del templo de San Francisco, la Capilla de San Juan Diego y el Instituto Cázares, y son cada vez más las voces que se suman al coro que reclama no postergar más la iluminación de la Catedral Diocesana, en la Plaza de Armas, o principal, de Zamora.
De paso, no estaría mal darle una remozada al Centro Comercial Morelos, o pasaje de los dulces, para que incluso la Plaza de los Libertadores luciera más. Y ya encarrerados habría que seguir con el proyecto de ampliar las área peatonales en el centro de la ciudad, aunque nos cueste trabajo dejar de rendirle culto a ese afán de andar a vuelta de rueda trepados en los coches.
El aprovechamiento de los espacios públicos que ya tenemos, comenzando, por ejemplo, con el quiosco de la plaza y su vocación de ser para la música en serenata popular; siguiendo con el atrio de San Francisco y San Juan Diego, que ya ha mostrado sus cualidades para ser lugar para conciertos; la Plaza del Teco, que en mi opinión debe seguir congregando públicos vivos en diversos eventos culturales y no ilustres muertos que podrían venerarse en otros lugares…
El Teatro Obrero y el Centro Regional de las Artes seguramente reforzarán este año su tendencia a traer, y atraer, eventos culturales cada vez más relevantes para inspirar la producción local. Con una difusión cada vez más adecuada se podrá trabajar en la formación de públicos que, desde la infancia y la adolescencia, puedan aportar esta otra importante parte que conforma cualquier acontecimiento cultural.
La Casa de la Cultura del Valle de Zamora seguirá festejando su primer cuarto de siglo en la promoción cultural en esta región encabezando los esfuerzos de otras muchas otras casas diseminadas en esta región Lerma-Chapala de Michoacán. Con sus aportaciones en la academia de diversas artes, sus exposiciones itinerantes continuas, la contribución que realiza en apoyo a las autoridades civiles y a otras instituciones y con un proyecto de construcción para su nuevo edificio con apoyos contundentes a escala municipal, estatal y federal.
Ya se vislumbra en el horizonte el Festival del Teco, que congrega nuevamente a buena parte de los promotores culturales de Zamora y su región en otro esfuerzo por colocarnos en el mapa de las buenas noticias. Pronto conoceremos el programa para este año. Lo que sí sabemos es que va viento en popa la intención de mejorarlo en cada nueva edición, como debe ser.
No habrá dinero suficiente para el turismo cultural, pero con mucho ánimo y trabajo colaborativo se están logrando y proseguirán los proyectos. Falta apertura en los funcionarios gubernamentales que todavía no alcanzan a valorar las posibilidades de las iniciativas ciudadanas que se organizan para aportar beneficios sociales amplios.
Lejos del paternalismo del siglo pasado, las asociaciones civiles generan proyectos y exigen apoyos, que es responsabilidad fundamental de los gobiernos.
Todavía muchos lastres nos hacen pesada la carga y la contracorriente al cambio es intensa, pero este es un buen año para celebrar la iniciativa de hace 200 años que buscó, al menos en teoría, un cambio radical en el tipo de sociedad que impuso el colonialismo español.
Las revoluciones que han aportado progreso se han generado a partir de cambios en las ideas que, al generalizarse, hacen de la cultura el motor de las transiciones. Vamos hacia la segunda década del nuevo siglo y milenio, y habrá que preguntarnos, en principio, no qué nos toca vivir sino qué nos toca hacer.
Por cierto: no hablamos solamente de una forma de divertirnos este año sino también de desarrollar una alternativa para contribuir en la reactivación económica de nuestra región.
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